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Cetáceos en el mar de Alborán




Cetáceos de nuestros mares

Especies comunes en el mar de Alborán

Evolución y adaptación

 


 
 


Cetáceos de nuestros mares.



Especies comunes en el mar de Alborán:


Delfín común
(Delphinus delphis)
Delfín listado
(Stenella coeruleoalba)
Delfín mular
(Tursiops truncatus)
Calderón gris
(Grampus griseus)
Calderón negro
(Globicephala melas)
Zifio de Cuvier
(Ziphius cavirostris)
Rorcual común
(Balaenoptera physalus)
Cachalote
(Physeter macrocephalus)
Orca
(Orcinus orca)
 
 

Generalmente en España relacionamos las ballenas y delfines con las gélidas latitudes de la Antártida o las aguas tropicales de las Bahamas o la Polinesia. Esto ilustra bien cómo vivimos de espaldas a la mar, ya que ignoramos que frente a nuestras costas se encuentran algunos enclaves de gran relevancia para la migración, reproducción y alimentación de 28 especies distintas de ballenas y delfines.

Si preguntamos a nuestros pescadores tradicionales, si queda patente la importancia de estos animales tanto compañeros de navegación o como recurso alimenticio. Mucho antes del “descubrimiento” de las Américas, los pescadores del Mar Cantábrico habían encontrado en Terranova el gran tesoro natural de las concentraciones de bacalao y de ballenas al norte de la corriente del golfo, llegando a establecer amistad y comercio con tribus indígenas como los Mig Mag. Eran hace unos 1000 años los inicios de la caza de la ballena.

Más tarde, el auge de una industria promovida por la gran demanda de aceite y demás productos de la ballena llevaría al borde de la extinción a varias especies y el cierre de algunas factorías balleneras como la de Getares en la bahía de Algeciras. Con la moratoria de la caza en 1981 desaparecía en España la última factoría de ballena en Galicia. Esta moratoria daba una pequeña esperanza de recuperación a las diezmadas poblaciones de ballena gris, ballenas francas, ballena azul y rorcual común.

En otra escala, en aguas españolas, la caza “de subsistencia” de otros cetáceos y principalmente el delfín común o el delfín mular ha ido desapareciendo progresivamente a lo largo de nuestras costas, y se pueden considerar prácticamente ya anecdóticos los eventos de captura de delfines para su consumo o uso como carnada.

Además de la relevancia de varias zonas de paso para la migración, podemos destacar varias regiones marinas del territorio marítimo español como de especial interés sobretodo para la alimentación de los cetáceos. Destacan en primer lugar las islas Canarias, por su gran diversidad de especies. A su latitud y su ubicación respecto al Banco Sahariano y las principales corrientes del océano Atlántico, se une la especial fisiografía de sus fondos que agregan directamente importantes biomasas de especies de presa demersales clave o inducen afloramientos donde se agregan pequeños peces pelágicos.

En mar abierto, tanto en las islas Canarias como en otras regiones destacables como las montañas submarinas frente a Galicia, los escarpes y cañones del Cantábrico o la extraordinaria oceanografía de la cuenca del mar de Alborán, el principal alimento de los cetáceos son cefalópodos de profundidad. Aquí, encontramos a los grandes campeones de la apnea, como los cachalotes, los zifios y los calderones, que pueden realizar inmersiones de más de 1000 metros. Aprovechando las migraciones verticales de estos cefalópodos durante la noche, odontocetos más pequeños como el delfín común o el delfín listado también se nutren de estas presas. Por otra parte, los rorcuales se concentran en zonas de afloramiento donde se agregan pequeños peces y el plancton que filtran con sus barbas. Cabe destacar especialmente las zonas de alimentación de las aguas del Atlántico gallego, las aguas al norte de la plataforma continental del Cantábrico, la zona al oeste del Estrecho y el golfo de León.

En aguas de la plataforma continental las especies más comunes son el delfín común que se alimenta aquí principalmente de pequeños peces pelágicos en superficie y el delfín mular que al preferir especies demersales de la plataforma y su talud en ocasiones compite con las pesquerías costeras.


 
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Delfín común (Delphinus delphis)


 
     
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Delfín listado (Stenella coeruleoalba)


 
     
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Delfín mular (Tursiops truncatus)


 
     
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Calderón gris (Grampus griseus)


 
     
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Calderón negro (Globicephala melas)


 
     
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Zifio de Cuvier (Ziphius cavirostris)


 
     
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Rorcual común (Balaenoptera physalus)


 
     
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Cachalote (Physeter macrocephalus)


 
     
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Orca (Orcinus orca)


 
     
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Evolución y adaptación.


 
 

Los cetáceos representan de cierta manera el pináculo de la evolución en el medio marino puesto que se han adaptado sumamente bien a la vida acuática, teniendo una influencia muy importante sobre los ecosistemas de los que forman parte porque se sitúan generalmente en la parte superior de la cadena trófica. Se desarrollaron a partir de antepasados terrestres hace unos 55 a 60 millones de años. Actualmente se supone que existen unas 86 especies de cetáceos vivientes, de las cuales 28 se pueden observar en los mares de España. Estas especies se dividen en dos grupos o subórdenes: Los misticetos, o ballenas filtradoras y los odontocetos o cetáceos dentados que incluyen cachalotes, delfines y marsopas. De los 14 misticetos presentes en el mundo, 8 se pueden observar en España. Se les llama comúnmente ballenas de barbas, porque desde su mandíbula superior crecen hacia abajo grandes placas de queratina llamada “ballena” o “barba” con las que estos animales filtran el plancton y otros pequeños organismos marinos. Estas son las ballenas “grandes” que incluyen en nuestras aguas a la ballena o rorcual azul, el rorcual común, el rorcual norteño, el rorcual de Bryde, el rorcual aliblanco, la yubarta, y la ballena franca del Atlántico norte, aunque en algunos casos como esta última la especie prácticamente ha desaparecido. De las 72 especies de odontocetos, o cetáceos dentados, 20 se pueden encontrar en nuestras aguas. El mayor de los cetáceos dentados es el cachalote; por lo demás, este grupo incluye los cetáceos pequeños, como orcas, delfines y marsopas.

Con sus cuerpos alargados y formas que aparentan la perfección del hidrodinamismo, la velocidad y destreza en el medio acuático resulta especialmente sorprendente. Ver la persecución de un pez volador por un delfín común a gran velocidad, o el salto de un rorcual común de 22 metros y 100 toneladas completamente fuera del agua son las facetas más visibles. Pero es realmente cuando con tecnologías modernas analizamos los movimientos bajo la superficie y fuera de nuestro alcance visual cuando descubrimos hasta qué punto estos animales se han adaptado a la conquista del mar abierto en busca de peces pelágicos o demersales o a la caza de cefalópodos en los abismos. Aunque conocemos ya algunas de las adaptaciones de los cetáceos para realizar grandes apneas, como la acumulación de oxigeno en la mioglobina de la musculatura, estamos aún lejos de comprender todos los mecanismos necesarios para que un cuerpo pueda realizar inmersiones a más de 1000 metros de profundidad sin verse afectado por la presión o por los efectos de paso del nitrógeno a la sangre que limita al ser humano buceador.

Aunque la visión es un sentido importante para las especies de cetáceos en nuestras costas, sobre todo para la alimentación en superficie o su comportamiento social, el mundo de los cetáceos ya a pocos metros de la superficie es de total oscuridad. Para orientarse, comunicarse y alimentarse en esta oscuridad los cetáceos dependen de la utilización del sonido, que en este medio acuático se propaga con gran facilidad. Con un amplia rango de emisión y recepción de sonidos, podemos destacar desde la utilización de ondas de baja frecuencia, no percibibles por nuestro oído, utilizadas por los grandes rorcuales para su orientación y comunicación a escala transoceánica, o los clicks de los cachalotes en busca del calamar gigante de los abismos Architeuthis que intrigaban y asustaban a los navegantes cuando resonaban poderosos a través del casco de sus naves.

 
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