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De las siete especies de tortuga marina que habitan los océanos del mundo, cinco están presentes en los mares de España. La especie más común es la tortuga caguama o mejor conocida en España como tortuga boba (Caretta caretta), nombre que tiene sui origen en la facilidad con la que los pescadores podían capturarlas cuando éstas se encontraban en reposo flotando en la superficie. Desde hace varias décadas, esta especie ya no es capturada para el consumo humano en nuestro país, y de hecho es en la actualidad objeto de importantes esfuerzos de investigación y conservación en la que colaboran administración, científicos y pescadores para encontrar soluciones al problema de su captura accidental en diversas artes de pesca. Se estima que cada año son capturadas accidentalmente varias decenas de miles de tortugas principalmente en la pesquería de palangre de superficie, aunque también se registran capturas en algunas regiones en trasmallos y redes de arrastre. |
Tortuga boba |
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Otra especie común en nuestros mares, y también frecuente víctima de la captura accidental en pesquerías es la tortuga laúd (Dermochelys coriacea). Es la más grande de las tortugas marinas, llegando a alcanzar hasta los dos metros de longitud, es también la más sorprendente tanto por su peculiar aspecto como por sus perfectas adaptaciones a la vida en las profundidades. Su caparazón flexible compuesto no por escamas sino por un mosaico óseo recubierto por una capa de “cuero” de color negro, la hace parecer más a un escarabajo gigante que a una tortuga. De igual modo sorprendente para un reptil, su sistema circulatorio a contracorriente le permite adaptar su temperatura corporal, por lo que su distribución a nivel planetario incluye también aguas de altas latitudes prohibidas a las demás especies que son como cualquier reptil poiquilotermos. Su alimento principal son las medusas, lo cual es también sorprendente tratándose no solo de la especie de tortuga marina de crecimiento más rápido sino también la más ágil y rápida en el agua, llegando a alcanzar profundidades de más de 1000 metros. |
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Además de estas dos especies frecuentes, podemos encontrar ocasionalmente en aguas de la península e islas Canarias otras tres especies de las 6 descritas para la región Atlántico - Mediterránea. La tortuga verde (Chelonia mydas), la tortuga carey (Eretmochelys imbricata) y la tortuga golfiña (Lepidochelys kempii). La tortuga verde es la segunda especie de tortuga marina más abundante en el Mediterráneo. Sus playas de puesta están restringidas al Mediterráneo oriental, y en el Atlántico a las latitudes tropicales, donde esta tortuga se ha especializado en la alimentación herbívora sobre las praderas de fanerógamas marinas, entre los 40 y 50 metros de profundidad. |
Tortuga carey |
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Las otras dos especies son tortugas más pequeñas de alrededor de 70 cm de longitud recta del caparazón, de hábitos tropicales prefiriendo como hábitat de alimentación los arrecifes de coral. La tortuga carey es desgraciadamente sobretodo conocida por el uso ornamental de su caparazón de placas imbricadas. Esta tortuga esta especialmente adaptada para encontrar alimento en los arrecifes, con su cuello largo y pico de halcón. En cuanto a la golfiña, su principal peculiaridad reside en su estrategia de nidación por “arribada”, que consiste en saturar a sus depredadores al anidar en oleadas de varios miles o incluso decenas de miles de tortugas a la vez, invadiendo la playa con un caos de aletazos, arena y huevos. Estos extraordinarios eventos pueden ser observados en varias playas de Centro América y principalmente en Costa Rica y México. |
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La multitud de depredadores y amenazas relacionadas con el ciclo de vida de las tortugas marinas nos transmite generalmente una falsa imagen de fragilidad. Sin embargo, la evolución y adaptación de estos animales al medio marino es claramente extraordinaria. Tras casi 100 millones de años de evolución y adaptación a la vida en los océanos del planeta, ocho especies de tortuga pueblan hoy sus aguas tropicales y subtropicales. Descendientes de las tortugas terrestres cuyos orígenes se estiman en el triásico hace unos 260 millones de años, las tortugas marinas tuvieron que realizar una serie de adaptaciones importantes para poder sobrevivir y colonizar el medio marino, partiendo de las marismas y estuarios en las márgenes del mar de Tethis. Una de las principales adaptaciones necesarias para su movilidad fue el cambio de las patas por aletas, que unido a un importante desarrollo muscular permitiría a estos animales desplazarse con destreza en el agua. Sin embargo, este desarrollo muscular implicaba también que las tortugas marinas perdían la opción de retraer su cabeza y extremidades bajo la seguridad del caparazón. A pesar de estas y otras adaptaciones a la vida en un medio acuático salino, dos aspectos de su historia natural aparecen como importantes factores limitantes, especialmente en la actualidad frente a diversas amenazas derivadas del uso intensivo del medio marino y costero por parte principalmente de las industrias de la pesca y el turismo. La necesidad de tomar aire en superficie, unida al letargo de las tortugas en sus fases de reposo y calentamiento flotando en la superficie del mar hace que estos animales sean frecuentemente víctimas de la colisión con embarcaciones rápidas. Pero es sin lugar a dudas la puesta de huevos en nidos terrestres uno de los principales factores que han hecho extremadamente vulnerables las poblaciones de tortugas frente al ser humano. |
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Aunque puede variar de una especie a otra y de una población a otra, en general, las tortugas alcanzan la madurez sexual, en torno a los 20-30 años. A partir de este momento las hembras de tortuga anidarán en ciclos de 2, 3 o 4 años. Con una precisión extraordinaria en su navegación las tortugas anidantes se concentran frente a las playas donde nacieron años atrás, para iniciar su temporada de nidación que puede comprender entre 1 y 10 puestas espaciadas en unos 15 días. Generalmente la operación de anidamiento se realiza de noche. La tortuga emerge del agua para arrastrarse por la playa en busca de un sitio adecuado. Cualquier obstáculo en su camino puede suponer un riesgo para la operación de puesta o incluso para la tortuga, ya que si en el agua estos animales se desplazan con gran harmonía, en tierra el peso de su cuerpo limita su movilidad. Una vez encontrado un sitio, la hembra inicia un barrido de la arena de superficie con sus aletas delanteras. Una vez realizado este barrido, ancla sus aletas delanteras en la arena e inicia la excavación con sus aletas traseras de un hueco en forma de bota que varía en profundidad según las especies entre unos 40 y 80 cm. En esta fase del proceso de nidación, cualquier raíz, o trozo de basura que afecte a la excavación puede también suponer el abandono del intento de anidar. Pero si todo va bien, se inicia la puesta. Unos cien huevos blandos son depositados variando en tamaño según la especie desde el de una pelota de ping pong hasta el de una pelota de tenis (tortuga laúd). Tras esta operación el nido es recubierto y la hembra regresa al mar. La incubación adecuada dependerá del grado de humedad de la arena y el calor del sol. Es la temperatura de incubación la que determinara el sexo de las futuras tortuguitas. Una de las principales amenazas durante la incubación suele ser la destrucción mecánica del nido por el oleaje. Sin embargo, si todo va bien, aproximadamente dos lunas más tarde las tortuguitas saldrán de la cascara de sus huevos para iniciar el ascenso a la superficie. Generalmente emergen de la arena durante las horas nocturnas para iniciar su carrera frenética hasta la orilla. Las que hayan sobrevivido a la erosión natural de las playas o la multitud de depredadores terrestres como perros, zorros, ratas, mangostas, aves, cangrejos u otros depredadores incluyendo el ser humano, tendrán que enfrentarse a los hambrientos peces y aves marinas que les esperan en la mar. Se estima que de cada 1000 o 2000 huevos una tortuga llegará a ser adulta. Muchos misterios rodean todavía la ecología de las tortugas sobretodo en estos primeros años de su vida pelágica. Su escasa corpulencia limita su movilidad y son sobre todo las corrientes las que las arrastran a zonas de concentración de alimento como las masas derivantes de sargazo. Al cabo de varios años las tortugas ya serán capaces de moverse con gran destreza, iniciando nuevas fases en el ciclo de su vida alimentándose en praderas de fanerógamas, arrecifes de coral, escarpes y cañones submarinos o en las profundidades del mar abierto. Quizás la mejor muestra de esta destreza es la capacidad de la tortuga laúd de sumergirse a más de 1000 metros de profundidad en busca de su principal alimento, las medusas. Nuestros mares juegan un papel importante en el ciclo de vida de varias poblaciones de tortugas, y en especial de la tortuga boba. Aunque existen algunas playas potenciales de nidación, se pueden considerar prácticamente anecdóticos los eventos de nidación registrados a lo largo de los últimos siglos. Pero tanto en mar abierto como en determinadas zonas costeras, se pueden observar importantes concentraciones de tortugas que durante sus migraciones transoceánicas encuentran en nuestros mares importantes hábitats de alimentación. Esto explica la diversidad genética de las tortugas presentes en nuestros mares. A lo largo de sus largos viajes, tortugas provenientes de poblaciones anidantes del Mediterráneo oriental, de la costa occidental de África, de Centro América y de las importantes playas de la costa del sureste de Estados Unidos, pasan frente a las costas de la península y las islas Canarias, agregándose en zonas de afloramiento, arrecifes, escarpes, cañones y montañas submarinas donde abundan alimentos de gran valor. En aguas abiertas su dieta es oportunista e incluye peces, cefalópodos, moluscos, medusas y algas, siendo común desafortunadamente también que ingieran plásticos y otros desechos que se encuentran a la deriva. En las cercanías de nuestras costas, adultos y subadultos entran en una fase de alimentación distinta, sumergiéndose en determinadas zonas donde las características del fondo marino agregan varias especies bentónicas de invertebrados de gran valor nutritivo. Los estudios de seguimiento por satélite muestran la relevancia de estas zonas de alimentación en la fase previa de acumulación de reservas necesaria para sus grandes migraciones transoceánicas. |
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Todas las especies de tortuga marina se encuentran actualmente amenazadas. En España están incluidas en el Catalogo Nacional de Especies Amenazadas. Las poblaciones de tortuga boba se encuentran en regresión a escala mundial, estando incluidas en el libro rojo de especies amenazadas de la UICN (Unión Internacional para la conservación de la Naturaleza) (2001), y en el anexo I de la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), y también en la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres, denominado Convenio de Bonn. En la Unión Europea esta especie se encuentra catalogada como especie de interés comunitario (DOCE, 1997–8.11.97/L305/50-), mientras que se encuentra catalogada de interés especial en España (B.O.E. 1990 –5.4.90/9470/82-). La destrucción de hábitats de anidación es sin lugar a dudas la principal amenaza para todas las especies de tortuga marina. Pudiendo ser un valor añadido para un turismo de calidad, son desafortunadamente más comunes los casos en los que esta industria ha tenido efectos negativos en las playas de anidación, tanto por destrucción mecánica de zonas de puesta como por el fomento de un consumo insostenible de la gran variedad de productos alimenticios y decorativos que ofrecen estas especies. Aunque a lo largo de las últimas dos décadas se han intensificado los programas de conservación en las principales zonas de reproducción, amenazas como la contaminación y sobretodo los efectos del cambio climático aparecen actualmente como especialmente alarmantes. Al importante problema de la acumulación de compuestos tóxicos persistentes que afectan en gran medida a las tortugas marinas, se suman los efectos de la contaminación de residuos plásticos derivantes. En la actualidad, todos los mares del planeta están plagados de bolsas de plástico y otros residuos que son ingeridos y que pueden provocar la muerte a tortugas, aves y cetáceos. Otra amenaza importante para las tortugas es la captura accidental en diversas artes de pesca. En las cercanías de las playas de puesta o en regiones de alimentación demersal, la captura accidental en arrastre de fondo o trasmallo supone una importante amenaza. En el caso del arrastre, algunos países obligan ya el uso de un dispositivo que permite a las tortugas escapar de la red, el Turtle Excluder Device. La principal problemática en aguas de la península y las islas Canarias es la captura accidental en anzuelos de la pesquería de palangre. Sólo en el Mediterráneo español se estima una captura de entre 2 y 3.5 tortugas por cada mil anzuelos, lo que en algunos años puede suponer una captura de unas 30.000 tortugas. A nivel mundial se estima que esta pesquería podría ocasionar la muerte de más de 300.000 tortugas por año. Frente a esta dramática situación se realizan desde hace un par de décadas importantes esfuerzos a nivel internacional para encontrar soluciones que beneficien tanto a las tortugas como al pescador afectado. En España, algunas posibles medidas de mitigación, como el cambio de carnada de cefalópodo por pescado, la profundidad de pesca, probadas recientemente por científicos y pescadores podrían disminuir en cerca de un 90% la actual tasa de captura accidental. Por otra parte, los estudios de seguimiento por satélite han dado lugar a una herramienta de gestión interesante que consiste en un sistema de información geográfica que identifica las zonas de alto riesgo de captura accidental. |
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La tortuga boba es omnívora. Aunque la constitución de su cráneo está especialmente adaptada a la alimentación de crustáceos y otras presas de caparazón duro, esta especie, de hábitos alimenticios oportunistas, incluye en su dieta peces, moluscos, fanerógamas marinas y medusas. En el mar de Alborán y mar Balear la tortuga boba parece alimentarse sobretodo de medusas, pequeños peces y crustáceos pelágicos e incluso los descartes de cebo usado de los palangreros. |
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La tortuga boba es una especie cosmopolita que se distribuye por todos los mares tropicales y subtropicales del mundo, aunque sus áreas de puestas presentan una distribución pantropical, en contraposición al resto de tortugas marinas, lo que favorece su abundancia en zonas templadas. Debido a las complejas migraciones de la tortuga boba, en el Mediterráneo occidental, concretamente en aguas españolas, confluyen individuos de dos poblaciones distintas, unos de la población del Mediterráneo oriental que presentan sus áreas de puestas en playas de Egipto, Chipre, Grecia, Israel, Libia, Túnez y Turquía, y otros de la población Atlántico occidental que presentan sus áreas de puestas en las playas suborientales de Estados Unidos (en los Estados de Florida y Carolina del Sur principalmente) y Golfo de México. Ambas poblaciones usan el Mediterráneo occidental, fundamentalmente el mar Balear, como zona de alimentación, encontrándose fundamentalmente juveniles y subadultos, aunque se pueden observar también en ocasiones adultos de más de 1 metro de longitud. El estrecho de Gibraltar y aguas adyacentes representa un importante hito en las migraciones de esta especie. Siguiendo los últimos meandros de la Corriente del Golfo pasando el Cabo San Vicente al sur de Portugal, algunas tortugas son “absorbidas” por el flujo entrante al Mediterráneo. Para aquellas tortugas de gran corpulencia y musculatura, salir otra vez al Atlántico tras un periodo de alimentación en las productivas aguas de Alborán y Baleares no supone un problema. Pero las tortugas más pequeñas se ven limitadas en sus desplazamientos contracorriente, y por tanto deberán seguir el flujo de las aguas en el Mediterráneo durante años hasta alcanzar un tamaño de en torno a los 80 cm. Y por tanto una musculatura capaz de pasar por el Estrecho en dirección al oeste. |
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